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Ilustración editorial de atmósfera dream-pop en jardín botánico con iluminación etérea y vegetación

Ethel Cain convierte Madrid en una liturgia de dream-pop y melancolía

La artista estadounidense ofreció una actuación etérea y reverencial en Noches del Botánico, hipnotizando al público con canciones como ‘Tempest’ y ‘A House In Nebraska’.

María 3 horas atrás 0

Ethel Cain regresó a Madrid para actuar en el ciclo Noches del Botánico, transformando el Jardín Botánico de la Universidad Complutense en un espacio de comunión musical. Tras su paso por la ciudad en noviembre del año anterior, la artista estadounidense volvió a demostrar por qué se ha convertido en un icono para el público joven y el colectivo LGTBI+, conquistando también a los oyentes más exigentes.

Durante hora y media, la noche del 9 de junio se convirtió en una ceremonia casi religiosa. Acompañada por cuatro músicos sobre un escenario decorado con vegetación, Cain tejió una atmósfera de misterio y oscuridad acogedora, mezclando generosas dosis de dream-pop y shoegaze con momentos más pop sin perder un ápice de credibilidad.

Un repertorio cocinado a fuego lento

La setlist arrancó con «Sunday Morning» y recorrió piezas clave de su discografía: «Nettles», «American Teenager» y la intensa «Ptolemaea» prepararon el terreno para uno de los momentos culminantes de la velada. Los diez minutos de «Tempest», con sus atmósferas que recuerdan a The Cure, sumergieron al público en un trance colectivo.

Temas como «Dust Bowl» y «A House In Nebraska» profundizaron en ese universo de melancolía convertida en belleza que define a la artista de Florida. Los bises llegaron con «Crush» y «Sun Bleached Flies», cerrando una actuación que el público vivió con respeto reverencial, sin atreverse a romper la magia.

Influencias interiorizadas con maestría

A lo largo del concierto, Cain canalizó las influencias de referentes como Cocteau Twins, Mazzy Star, Cat Power y Beth Gibbons, destilándolas en una propuesta absolutamente personal. Su capacidad narrativa tanto en lo lírico como en su presencia escénica logró embriagar a un público diverso en edad y condición, unidos por el peso emocional de su música.

El recinto se llenó de jóvenes vestidos para la ocasión, compartiendo espacio con veteranos melómanos. Ese superpoder para conectar con distintas generaciones convierte a Ethel Cain en una anomalía fascinante dentro del panorama actual, capaz de manejar con soltura tanto el misterio como la efectividad pop sin sacrificar autenticidad.

La figura creciente de la vocalista señaló el camino con detalle y meritoria calma, haciendo extensible al hipnotizado público su universo de melancolía transformada en belleza.

Una velada litúrgica en el sentido más puro: un acto de fe compartida entre artista y audiencia, donde la música actuó como nexo común para una experiencia colectiva inolvidable.

Fuente: Mondosonoro · Documento oficial: enlace · Esta información ha sido elaborada por la redacción de Letras y Música con apoyo de herramientas editoriales automatizadas.

Escrito por

Editora y periodista musical. Apasionada por la música española y latina en todas sus formas.