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Kurt Wagner celebra la simplicidad acústica en el nuevo rumbo de Lambchop

Estudio de grabación acústico con guitarra y micrófono preparados para sesión

Imagen ilustrativa. Estudio de grabación con instrumentos acústicos.

Kurt Wagner nunca ha sido de los que se toman demasiado en serio. Desde el porche de su casa en Nashville, con gorra, cigarro y barba bíblica, el líder de Lambchop atiende a Mondo Sonoro entre trinos de pájaros y las interrupciones de su perro. La excusa es Punching The Clown (City Slang), su decimoséptimo disco: un trabajo emocionantemente austero que marca un giro radical respecto a sus últimas producciones electrónicas.

El punto de partida fue casual. «Pillé una vieja canción gospel mientras iba a poner gasolina. Nunca averigüé de quién era, pero me sugirió una búsqueda de simplicidad: algunas voces y un banjo. Me pareció perfecto», explica Wagner. Lejos de los laptops y el autotune que dominaron discos recientes, esta vez apostó por voz desnuda, guitarra acústica, piano y el banjo de Justin Vernon (Bon Iver), quien cedió su estudio de Wisconsin para grabar durante dos intensos días de agosto de 2025.

Trabajar con menos elementos no ha significado menos trabajo. «He descubierto que conlleva más tiempo. No sé si es la edad o el permitirme centrarme más y no distraerme. Se trata de estudiar, aprender y ser paciente», admite. El resultado, lejos de sonar tradicional o rancio, mantiene la frescura gracias a Ryan Olson, productor y amigo de la infancia de Vernon. «Para él era un desafío. Es más que un productor: es un miembro de la banda. Creo que ambos somos capaces de encontrar algo nuevo en cualquier contexto musical», asegura Wagner.

El proceso creativo incluyó estudiar a grandes compositores —Miles Davis, Townes Van Zandt— no para copiar mecánicas, sino para entender qué hace que sus ideas sean tan buenas. «Todos transmiten una verdad. Solo tienes que aplicar eso a ti mismo. Y es doloroso, tío. Cuando lo consigues, es la hostia. Es fantástica la sensación de haber hecho algo que no existía antes», confiesa.

Wagner recuerda con cariño su primer concierto en España: la Plaça del Rei de Barcelona en 1996, dentro del BAM, pasado por agua. «Llovía, desconectaron la electricidad por seguridad y nos cantamos algo en acústico con Robyn Hitchcock. Fue mágico». Aquella noche resume bien la filosofía de Lambchop: nunca pensaron que su carrera duraría tanto, y cada día es un ejercicio de gratitud.

Ex trabajador de la construcción instalando suelos de madera durante años, Wagner nunca dio por hecho poder dedicarse solo a la música. «El hecho de dejarlo para dedicarme por completo a esto ya me parecía surrealista. No me lo creía», reconoce. Preguntado sobre si Lambchop debería haber sido más popular, su respuesta es tajante: «¡No! Creo que hemos tenido suerte de no tenerlo. Habernos convertido en otra cosa me hubiera hecho sentir incómodo. Me gusta trabajar con mis amigos y mantener la lealtad».

Su esposa, Mary Mancini (ex presidenta del Partido Demócrata de Tennessee entre 2015 y 2021), dio su veredicto sobre el nuevo disco: «Me dijo que le parecía jodidamente bueno», revela Wagner entre risas. Un aval doméstico que certifica el reencuentro de Lambchop con aquello que les impulsó al principio: hacer canciones y poder cantarlas con la gente.

Fuente: Mondosonoro · Documento oficial: enlace · Esta información ha sido elaborada por la redacción de Letras y Música con apoyo de herramientas editoriales automatizadas.

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