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Rosalía y el flamenco del siglo XXI: cuando la tradición se convierte en revolución

Rosalía y el flamenco del siglo XXI: cuando la tradición se convierte en revolución

Cuando Rosalía presentó El Mal Querer en 2018, pocos imaginaban el impacto que tendría no solo en el flamenco, sino en la música global. La artista catalana demostró que el flamenco más puro podía dialogar con la producción más contemporánea sin perder un ápice de su alma.

Las raíces: el flamenco como formación

Rosalía estudió flamenco en la Escola Superior de Música de Catalunya bajo la tutela del maestro José Miguel Évora. Esta formación rigurosa en la tradición le dio las herramientas necesarias para entender el género desde dentro, para saber exactamente qué estaba transgrediendo cuando decidió romper las normas.

Sus letras beben directamente de la poesía flamenca clásica: el amor imposible, los celos, el duelo y el deseo aparecen en sus canciones con la misma intensidad con que lo hacían en los cantaores de generaciones anteriores.

La producción: donde lo antiguo y lo nuevo se fusionan

La colaboración con El Guincho como productor fue decisiva. La pareja encontró la forma de envolver la voz flamenca de Rosalía en paisajes sonoros que incluyen samples, beatmaking, sintetizadores y referencias al pop, al R&B y a la música electrónica, sin que en ningún momento el resultado suene artificial.

Con El Mal Querer y posteriormente con Motomami, Rosalía demostró que la innovación no requiere renunciar a las raíces, sino conocerlas tan profundamente que uno puede jugar con ellas con total libertad.

El legado

El impacto de Rosalía en una nueva generación de artistas españoles es innegable. Muchos jóvenes compositores reconocen que su trabajo les abrió los ojos a las posibilidades del flamenco como material creativo contemporáneo, y hoy existe toda una corriente de artistas que trabajan en esa intersección entre la tradición y el presente.

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