Imagen ilustrativa. Edificio gubernamental en Washington.
Ariana Grande ha protestado de forma contundente contra el uso de su canción We Can’t Be Friends en un vídeo publicado en TikTok por el entorno de Donald Trump. El contenido audiovisual muestra al presidente de Estados Unidos durante un discurso mientras suena el tema de la artista, que formaba parte de su último álbum de estudio Eternal Sunshine.
El vídeo incluye declaraciones sobre políticas de identidad de género y deportes, temas en los que la postura de la Administración estadounidense ha generado controversia. La artista, que en el pasado ya había manifestado su desacuerdo con el uso político de su música, respondió con firmeza: «Nunca vuelvan a usar mi música». También señaló que la versión empleada en la publicación era una pista modificada sin autorización.
Antecedentes entre la artista y la Casa Blanca
Esta no es la primera ocasión en la que Ariana Grande alza la voz contra el empleo de sus canciones en contextos vinculados a Trump. En junio de este año, la cantante ya había criticado el uso de su tema Bye en un contenido oficial de la Casa Blanca relacionado con operativos de deportación del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Entonces, calificó la situación de inapropiada y exigió que sus canciones no fueran asociadas a políticas que ella considera inhumanas.
La postura de Grande forma parte de un movimiento cada vez más visible entre artistas que defienden el control sobre el uso de sus obras en campañas o mensajes políticos con los que no comulgan. Olivia Rodrigo, Billie Eilish y Sabrina Carpenter también han manifestado públicamente su rechazo a que sus canciones sean empleadas en contextos gubernamentales o propagandísticos sin su consentimiento.
Derechos de autor y uso político de la música
El caso vuelve a poner de relieve el debate sobre los límites entre libertad de uso de contenidos y derechos de autor, especialmente cuando las plataformas digitales facilitan la difusión viral de montajes audiovisuales. Muchos artistas cuentan con cláusulas que permiten rechazar licencias para fines políticos, aunque la viralización en redes sociales dificulta el control efectivo.
Ariana Grande, conocida por su activismo en cuestiones sociales y su apoyo a comunidades LGBTQ+, mantiene una postura clara: su música no debe ser empleada en mensajes que contradigan sus valores. La controversia se suma a una serie de enfrentamientos públicos entre creadores y figuras políticas en torno al uso no autorizado de material artístico.
Hasta el momento, ni la Casa Blanca ni el equipo de comunicación del presidente han emitido comentarios sobre la queja de la artista.
Fuente: KissFM · Esta información ha sido elaborada por la redacción de Letras y Música con apoyo de herramientas editoriales automatizadas.

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